Por: Sarahí Gómez Esaa
La fe mueve montañas, dice el refrán popular. Se trata de un destello de esperanza que guía el camino en los buenos momentos, pero también es ese anhelo al que se aferra en los momentos críticos. La fe puede tener diferentes significados para cada persona, pero también puede ser el vehículo por el cual se unen diferentes historias.
Hace tres años, cuando la pandemia por el covid-19 azotaba sin piedad al mundo, dos personas totalmente desconocidas se cruzaron no solo por la fe a la que se aferraron en ese dramático momento, sino también por el arte que por casualidades del destino unió sus caminos en una historia llena de fe, optimismo, resiliencia y mucho arte.
Transcurría el año 2021 y los rostros se escondían detrás de una mascarilla. Fueron muchos los que vivieron la pandemia simplemente como una etapa en la que permanecieron confinados en casa y su rutina cambió repentinamente. Otros en cambio estuvieron al borde de la muerte, aferrados a un respirador y a la esperanza de no engrosar una estadística histórica y mundial.
Lucy Quero talentosa especialista en gastronomía amazónica dio positivo a covid-19 y fue trasladada al hospital Domingo Luciani en El Llanito, en Caracas. Aunque estuvo estable los primeros días, su cuadro clínico empeoró rápidamente. Su hija Baeatriz, médico de ese centro de salud, acompañó a su madre en cada momento. No se movió de su lado, ni siquiera durante los 38 días que estuvo en estado de coma en la Unidad de Terapia Intensiva y conectada a un respirador.
Antes de entrar en coma, la salud de Lucy se deterioró rápidamente y tuvo que ser llevada a la Unidad de Terapia Intensiva. Se sentía cansada, pero estaba despierta. Si bien los médicos y su familia estaban haciendo todo lo posible para recuperar su salud, Lucy tuvo un sueño que le hizo pensar que ya era momento de despedirse de sus seres queridos.
Con la poca energía que le quedaba, Lucy le dijo a su hija que había visto al doctor José Gregorio Hernández en su cubículo del hospital. Pero lejos de sentir esperanza, ella tuvo otro sentimiento. El beato querido y admirado por todos los venezolanos se le apareció de espalda, con su traje característico y su respectivo sombrero, pero hubo un detalle que a Lucy le generó inquietud: José Gregorio Hernández estaba vestido de negro, algo que ella tomó como un mal presagio.
Poco después se generó una falla de oxígeno y Lucy tuvo que ser intubada. Esto puso su salud en un estado sumamente crítico. La familia estaba sumida en la angustia, pero también se aferraron a la esperanza y la fe de que en algún momento su madre podría superar el covid-19.
Aunque la familia de Lucy hacía todo lo posible, la evaluación de un médico intensivista arrojó un pronóstico aterrador. El especialista le dijo a la familia que Lucy tenía 20% de probabilidades de sobrevivir. Ningún hijo quiere escuchar ese pronóstico del médico de su madre, pero sus hijas y su familia se aferraron a ese 20% como una posibilidad real de que Lucy se recuperara.
Mientras la familia buscaba mil y un maneras de salvar a su madre del covid-19, en el subconsciente de Lucy se estaba viviendo una historia aparte. Sin saber qué estaba ocurriendo a su alrededor, estaba sumergida en un sueño profundo en el que vio diferentes imágenes que recuerda vívidamente.
Entre los muchos mensajes e imágenes que vio durante ese tiempo en coma, Lucy recuerda que estaba en una especie de sala de espera y de repente vio una pantalla negra con una punta brillante. En ese sueño, Lucy se levantó del asiento y lentamente caminó hacia la pantalla. A medida que se acercaba se le hacía más clara la imagen de un niño, sentado en las piernas de alguien, pero el detalle más importante es que el niño tenía un escapulario.
Lucy descifró que se trataba de la Virgen del Valle. En ese momento entendió que se encontraba en una especie de limbo. Aunque no sabía qué pasaba exactamente, ella no sintió miedo. No había muerto todavía, pero algo le decía que su momento de partir podría estar cerca. Es por eso que, pensando en el bienestar de sus hijas, Lucy Quero le pidió a la virgen que se la llevara.
“Me pongo a hablar con ella y le digo ‘virgencita, estoy aquí, aprovecha, mis hijas, van a llorar, no importa, pero estoy aquí, si me tengo que ir de una vez aprovecha para llevarme’”, le dijo.
Aunque Lucy Quero estaba tranquila y de alguna manera ya estaba lista para partir de este mundo, la vida tenía preparado otros planes para ella. Apenas terminó de hacer su petición a la virgen, sintió una mano que la tocaba. De repente abrió los ojos en el hospital ante la sorpresa y alegría de sus médicos tratantes y sus hijas. 38 días estuvo en coma y por un momento le costó comprender que se encontraba realmente viva y no en ese mundo al que la llevó su subconsciente.
Había salido del coma milagrosamente. ‘Bienvenida, mamá”, le dijo su hija quien fue la primera en recibir a su mamá. Aunque todos estaban felices por este significativo avance, la salud de Lucy seguía en estado crítico. Es por eso que decidieron darle de alta en el hospital y trasladarla a su casa para completar la recuperación. Ya en su hogar, Lucy tuvo atención médica en todo momento gracias al apoyo de sus hijas y de amigos.
Aunque estaba despierta, Lucy no podía caminar, le costaba respirar e incluso moverse, pero solo había una certeza: Lucy era un milagro del doctor José Gregorio Hernández. Al verlo en su cubículo del hospital vestido de negro no significó un mal presagio como ella pensaba, al contrario. Desde el momento en el que regresó a su casa Lucy recibió terapia física para recuperar sus movimientos y poco a poco recuperar su autonomía.
Christian Ssntod fue el fisioterapeuta que ayudó a Lucy Quero en su recuperación física. Con el paso de los días la mujer tuvo una recuperación evidente y en una de las charlas la familia le comenta a Christian que la recuperación de Lucy es obra del doctor José Gregorio Hernández. Casualmente, el fisioterapeuta comenta que tiene un tío cuyo trabajo es imitar al doctor José Gregorio.
Lucy se recuperaba mientras todos mantenían la fe de que pronto sanaría totalmente. Es por eso que aguardaban con ansias el 30 de abril de 2021, un día que toda Venezuela lleva en el corazón ya que fue el día en el que finalmente se beatificó al doctor José Gregorio Hernández. Lucy Quero fue testimonio del milagro del doctor, pero la grandeza del destino tenía más sorpresas para ella.
Una noche soñó nuevamente con el beato. En el sueño, el doctor José Gregorio Hernández entró a su habitación, la tomó de la mano y la sacó del cuarto. De repente, hubo un cambio de escenario, y Lucy apareció en la avenida Francisco de Miranda en Caracas, específicamente sentido oeste-este a la altura de Chacao. Ella reconoció la avenida al instante y al mirarse los pies no tenía zapatos y estaba cubierta con una sábana. Pero la alegría la invadió cuando se dio cuenta que podía caminar. “Y entonces empiezo a caminar, a bailar, a gritar. Yo decía: ‘¡sí sí puedo, sí puedo caminar sí puedo!”.
Al despertar del sueño, todavía sin poder caminar o moverse bien, Lucy le narró a su hija el sueño y le pidió que lo escribiera todo para no olvidarlo. Ella continuó cumpliendo su tratamiento y sus terapias físicas para recuperar su salud, pero las sorpresas no habían terminado.
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Muchas personas dan testimonio de haber recibido la ayuda divina del beato José Gregorio Hernández en un momento crítico de salud. Una mujer sufrió preeclampsia durante su embarazo y al momento de dar a luz su hijo corrió mucho riesgo. Esta mujer se encomendó a José Gregorio Hernández para salvar a su bebé. Afortunadamente ambos se salvaron y en su familia se mantuvo presente la fe en José Gregorio Hernández. No era una familia excesivamente devota, pero el cariño y la fe en el beato se mantenía siempre presente.

Ese niño que cuyo nacimiento estuvo acompañado por el milagro de José Gregorio Hernández, se convirtió en un reconocido artista venezolano conocido artísticamente como Badsura. El artista, cuyo nombre de pila es Wolfgang Salazar, es el responsable de famosos murales que resaltan la esencia de la cultura venezolana, rinde homenaje a grandes figuras y lleva el arte urbano a un nuevo nivel.
Ese niño cuya vida fue intervenida por el milagro de José Gregorio Hernández se convirtió en padre. Aunque Badsura siempre fue creyente, nada lo preparó para vivir un aterrador momento en el nacimiento de su hijo y que lo llevó a recurrir a la gracia de beato, de la misma forma que su madre lo hizo en el pasado.
Estaban ya en la sala de parto. Sin duda, ese fue uno de los momentos más felices de la pareja y estaban preparados para debutar como padres. Ella estaba sobre la camilla del quirófano para la cesárea y él tenía una cámara GoPro en su frente para registrar el momento en el que naciera su hijo. Todo marchaba bien, los médicos hicieron la incisión y al poco tiempo el bebé saldría al mundo. “Que se prepare el papá para cortar el cordón”, ordenó una de las especialistas. Badsura estaba listo para ser parte de ese momento tan especial, pero todo dio un giro inesperado y la alegría extrema fue reemplazada, durante unos minutos, por un sentimiento de temor muy fuerte.
Cuando salió el bebé del vientre de su madre no hubo llanto, lo que encendió las alarmas. Badsura veía como su pequeño hijo era pasado de mano en mano, como una especie de pelota, hasta llegar a una pequeña cunita donde fue atendido inmediatamente.
Él sabía que algo no andaba bien, pero debía mantener la serenidad mientras que su pareja pedía que le pusieran al bebé en su pecho. El miedo comenzó a invadir su cuerpo pero su mente intentaba encontrar la manera de pensar cómo resolver aquella desafiante situación. Pero la solución no estaba en sus manos y pronto se daría cuenta de eso.
“Papá, tengo que hablar contigo”, le dijo una de las doctoras. Mientras se acercaba el miedo se hacía cada vez más grande. En esos pocos segundos vio una estatuilla del doctor José Gregorio Hernández en una esquina del quirófano. Fue entonces cuando dejó salir toda su fe y con fervor le habló a José Gregorio Hernández: “Por favor, ayuda a mi hijo como me ayudaste a mí”.
El bebé requirió cuidados neonatales y tuvo que estar en una incubadora durante tres días. Afortunadamente el pequeño superó esa primera prueba de la vida y poco después la familia pudo ir a casa toda junta, no sin antes dejar claro que el bienestar de su hijo fue otra obra del doctor José Gregorio Hernández, algo por lo que Badsura estará eternamente agradecido.
Badsura se prometió que en agradecimiento a José Gregorio Hernández pintaría un mural en su honor. Pasaron los meses y el mundo cayó en cuarentena por el covid-19 por lo que pasó un buen tiempo hasta que finalmente el artista pudo cumplir su promesa.
Se acercaba la beatificación de José Gregorio Hernández en abril de 2021. Era el momento perfecto para comenzar a trabajar en el mural.

Badsura se puso manos a la obra pero a contrarreloj. Se había empeñado en hacer ese mural en una pared en específico en la avenida Francisco de Miranda, en Chacao, que se caracterizaba por ser una pared caída, en la que no está permitido pintar generalmente. El muralista no consideró otras paredes, solo esa, e insistió en la Alcaldía para conseguir el permiso.
Llegó el día de comenzar a pintar. Temprano en la mañana llegó a la pared seleccionada para comenzar con su obra y mientras descargaba los implementos de su vehículo un vigilante de un edificio le preguntó qué iba a hacer ahí. Badsura le comentó que iba a pintar a José Gregorio Hernández. Sorprendido, el vigilante le comentó que dos días antes había un señor idéntico a José Gregorio Hernández recostado en esa pared. El artista se mostró incrédulo en un inicio hasta que el señor, a los pocos minutos, le mostró en su celular una foto del anciano que era igual al famoso médico. Badsura estaba impactado y tomó esa coincidencia como una señal de que había escogido el espacio correcto para hacer su obra.
Con el paso de los días Badsura pintaba mientras que los transeúntes se detenían para ver cómo avanzaba la obra. Finalmente terminó con su obra en la que el rostro de José Gregorio Hernández es el protagonista logrando captar la bondad en sus ojos y en el suelo pintó las manos milagrosas del beato. “Cuando termino me llevo a mi chamo y nos sentamos en las manos de José Gregorio lo que simboliza que nosotros dos somos un milagro de José Gregorio y nos está devolviendo a la vida”, explicó.
El artista no había mencionado en sus redes sociales el lugar donde estaba haciendo esa obra ya que quería que fuese una sorpresa. Finalmente hizo la publicación de la obra terminada pocos días después de la beatificación de José Gregorio Hernández.
El post se volvió viral con millones de reacciones que expresaron su admiración por esta obra y el homenaje que Badsura le rindió a una de las figuras históricas más importantes para los venezolanos. A cada segundo le llegaban miles de notificaciones, pero hubo una en particular que llamó particularmente su atención.

Se trataba de una foto de una mujer con sus hijas que posaron frente al mural de José Gregorio Hernández luego de que ella sobrevivió milagrosamente al covid-19: Ella era Lucy Quero.
Dos días después de que Lucy Quero soñó que José Gregorio Hernández la tomaba de la mano y la soltaba en la avenida Francisco de Miranda, su hija se topó con la publicación del mural que hizo Badsura en honor al beato. Aún estaba sin fuerzas y no podía caminar bien, pero insistió a sus hijas que la llevaran al lugar donde estaba esa pintura porque en definitiva ese era un mensaje divino.
Lucy tenía meses sin ponerse zapatos, pero ese día estaba decidida a ir hasta el lugar de la pintura. Reunió fuerzas y con ayuda de su familia pudo caminar y fotografiarse frente a la obra de José Gregorio Hernández y convertirse en testimonio del milagro del beato.
Cuando están frente a la pintura aparece el vigilante del edificio y le comenta a Lucy que antes de que comenzara a pintar la obra había un hombre vestido como José Gregorio Hernández recostado en esa pared. Al ver la foto del hombre, Lucy rápidamente lo reconoce: es el tío de Christian, el fisioterapeuta que rehabilitó a Lucy tras despertar del coma.
Cuando Basura vio la foto y la historia de Lucy rápidamente se puso en contacto con ella y se formó un vínculo unido por la devoción al “médico de los pobres”, el beato José Gregorio Hernández. Ambos son testimonio de los milagros del doctor y sus historias se cruzaron inesperadamente por la fe y el arte.
El refrán popular dice que la vida es como un pañuelo, también se puede creer que estas coincidencias son azares del destino o que todos estamos más conectados entre nosotros de lo que creemos. Sin embargo, hay algunos momentos que no tienen explicación que responda a la lógica terrenal y solo queda depositar nuestra fe en que se trata de un hecho divino, que no requiere respuestas, solo fe.






