La necesidad de plantear estos lenguajes no solo trata de humanizar los espacios, transformarlos, también de elevar la conciencia con respecto al consiente del arte, y de esta forma poder dar el paso a el desvanecimiento de desconocimiento sobre el arte urbano, para traer como consecuencia la buena interpretación por parte del entorno y avance hacia un lenguaje de arte más contemporáneo.
Después de varios años de procesos de aprendizajes y entender que no es lo mismo un niño que crece con el arte como vecino o acompañado de experiencias participativas del arte, a un niño que crece en un espacio carente de orden visual, esto nos arroja diferencias con respecto a la sensibilidad, criterio, exteriorización de emociones, la capacidad de discernir, entre un montón de factores. Es por esto que se plantea no solo generar diversas dinámicas participativas que permitan elevar la conciencia con respecto a la expresión mediante la forma y el color.
En medio de estas reflexiones en el 2020 nace mi primogénito, badsurita, el cual me acompaño en el proceso progresivo de como percibir y entender el color, el poder ir a su colegio, a otros colegios, liceos, universidades a hablar sobre el arte en general me permitió entender que existe una demanda por parte de la ciudad de disfrutar, empoderarse y apropiarse de sus entornos y formatos. ya no era solo admirar, también el poder de crear estaba latente, en una ciudad que vive el arte en todos sus rincones.
Nos planteamos el desarrollo de un libro sobre el aplicativo del color, que viaja desde como entendemos y aplicamos en la cotidianidad y en el arte sus diversos razonamientos, con un criterio de razonamiento practico y progresivo.



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